Con 30 años, Christian Bassedas decidió abruptamente dejar el fútbol: "No me arrepiento de lo que hice, porque en ese momento sentí esa necesidad. Pensé que la pasión por el fútbol se me había apagado. Y en el 2003 paré". Ahora, con 36 años, el hombre que se reconoce como un rockero "sin pelo largo", vive a full su función de manager de Vélez, el reciente campeón del Clausura.
-¿Vos le propusiste a los dirigentes ser el manager o fueron ellos los que tomaron la iniciativa?
-A mí no se me había pasado por la cabeza ser manager. Tampoco me entusiasmaba ser técnico. Sin embargo, la dirigencia me ofreció este cargo que es una especie de orientador futbolístico, encajé en el proyecto, me respaldaron y acá estoy. Disfrutando del trabajo y de la consagración de Vélez.

Reinstalar la mistica
-¿Esperabas que todo se diera tan rápido?
-No, me sorprendió. El objetivo era estar entre los 4 o 5 primeros. Esa era la expectativa del arranque. Pero el plantel se comprometió con Gareca y los pasos que dimos fueron más grandes, hasta volver a reinstalar algo de esa mística que tuvo Vélez hace unos años y que yo viví. Gareca, en definitiva, supo llevar al equipo por ese camino.
-¿Qué le viste a Gareca para acercarlo a Vélez como técnico?
-Su personalidad, su liderazgo, su prudencia. Yo lo conocí a él en el `90. Y vi que era un tipo positivo, docente y con influencia en el plantel. Esa imagen me quedó. Por eso lo fui a buscar, aunque su nombre no estuviera de moda. Y simplificó todas las complejidades que tiene el fútbol. Su aporte fue muy importante en la conquista de Vélez. Eso sí: que lo aprecie no significa que le esté regalando nada.

-¿Y tu aporte cuál fue?
-Elegirlo, crear condiciones para que trabaje tranquilo, hablar, saber escuchar, sugerir la incorporación de algunos jugadores al plantel y no perseguir otra ambición que la de ser útil a Vélez. Claro que la dirigencia me dejó hacer.
-¿Qué le espera a Vélez de aquí en más?
-Seguir creciendo. No conformarse. Este campeonato que se ganó tendría que ser el arranque de una etapa. La idea es repetir el ciclo de Bianchi en los `90.
-Si esa es la idea, una clave es mantener el plantel. O debilitarlo lo menos posible. ¿Lo pueden hacer?
-Queremos hacerlo. Es fundamental.
-Bianchi pudo llevar a cabo su proyecto en Vélez y en Boca precisamente porque no hubo ventas masivas.
-Es lo que estamos planificando. La política de Vélez es clara: mantener el equipo. No desarmarlo. El deseo es que se queden todos: López, Larrivey, Zapata, Otamendi, Papa... Todos. Salvo que llegue una oferta impresionante de Arabia o de un club europeo muy pesado y sea imposible rechazarla. Pero estas son cosas que no podemos manejar. Lo que podemos manejar lo vamos a hacer. Porque el objetivo es ser más ambicioso y más firmes en la búsqueda de la gloria. Relajarnos por un título no le sirve a nadie. La mística de aquel equipo que dirigió Bianchi se fue construyendo con los campeonatos, las copas y la posibilidad de continuar ganando. Ese fue el mensaje. Nadie se quedó pensando en lo que había ganado una semana antes. Quizás por eso siguió ganando durante varios años.

La ultima palabra
-En ese equipo de los `90 no eran pocos los jugadores que parecían tener la camiseta de Vélez pintada en la piel, aunque si uno revisa su pasado queda en claro que no todos eran hinchas del club. ¿Esa convicción de integrar juego, entrega y personalidad quién la representa en el Vélez actual?
-Somoza es uno de ellos. Es un referente del club. Por su profesionalismo, nobleza, responsabilidad. Pero más bien que no es el único. Lo mencioné a él porque aún sin poder participar por la lesión que sufrió, estuvo siempre. Y se hizo sentir. Como también lo hicieron Cubero, Domínguez, López, Papa, Razzotti... Esta también fue la fortaleza de Vélez. Por encima de las individualidades, el espíritu colectivo.
-¿De qué tenés que protegerte ejerciendo el rol de manager?
-De no invadir territorios. Cada uno tiene el suyo: la dirigencia, el técnico, los jugadores, yo. Mi función es cuidarlo a Gareca. No desautorizarlo, no meter la pata. Repito lo de la prudencia porque es esencial. Yo puedo hablar de todo con Gareca, pero soy consciente que la última palabra respecto al equipo la tiene él. No está ahí solo por ser una buena persona. Está por su nivel de conocimientos.
-Antes de asumir como manager en Independiente, Menotti declaro que el gran riesgo de la función es convertirse "en un secretario privado del presidente del club". ¿Es así?
-Si la iniciativa que me acercó Vélez hubiera sido esa, no habría aceptado. Nada más lejos que ser un secretario del presidente. Lo mío pasa por satisfacer las necesidades del entrenador para armar día tras día a un mejor equipo. Lo que reconozco es que no tengo el poder que tiene un manager en Europa. Allá son casi los dueños de los clubes. Acá, en cambio, el campo de acción de un manager recién ahora se está definiendo.
-Bianchi en Boca ya lo definió. El poder que ejerce no es menor.
-Es cierto, pero Bianchi puede ser un caso especial. La experiencia y la trayectoria que tiene él la tienen muy pocos.
-¿A quién le recomendarías entonces trabajar como manager?
-A Francescoli. Como jugador fue un monstruo y ahora podría ser la cara de River en otro cargo. Creo que estaría muchísimo más cerca de los aciertos que de los errores.
-Hablando de los errores, ¿cómo interpretás la autocrítica de Gabriel Brazenas respecto a su desempeño en el cruce decisivo entre Vélez y Huracán?
-En los errores que se adjudica Brazenas, Vélez no tiene la culpa de nada. Forman parte del fútbol. Entiendo la bronca de los jugadores de Huracán porque yo también fui jugador, pero Vélez fue un digno campeón. Si hubo errores del árbitro no nos podemos hacer cargo. Sería como pretender que Argentina devolviera la Copa del Mundo que ganó en el ’86 porque Maradona le metió un gol con la mano a los ingleses. No me gusta que se desmerezca ni se manche el campeonato que ganó Vélez. Como tampoco me gustó que a pocos minutos del final hayan desaparecido las pelotas. Ese problema de educación va más allá de Vélez. Por eso aquí estamos a años luz de Europa.
-Un día habrá que empezar.
-Sí, seguro. el compromiso lo tenemos que asumir todos.
-¿Y qué compromiso asumís vos de cara al futuro inmediato?
-De seguir siendo un tipo ubicado.
-No abunda esa virtud.
-Debe ser por eso que la quiero conservar.

 

fuente: diario Popular

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